Problemas de lactancia materna
Algunas mujeres no producen mucha leche mientras se encuentran en el hospital, pero la cantidad aumenta cuando regresan a su casa. La succión del niño estimula a los pechos a producir más leche, y las tomas frecuentes son beneficiosas. Es importante saber antes de que nazca el niño cómo exprimir la leche de los pechos. Con ese fin es preciso que la madre se lave las manos cuidadosamente y se asegure de que las tiene calientes.
Debe preparar un recipiente esterilizado y sentarse cómodamente junto a una mesa baja, situando el recipiente en ella, justo debajo del pecho. A continuación aplicará un masaje a la totalidad del pecho con ambas manos, y se exprimirá con el índice y el pulgar de una mano el reservorio lácteo situado detrás de la areola. Luego se deslizan el pulgar y el índice 90° en torno a la areola, exprimiendo de nuevo y asegurándose de que se ha vaciado toda la leche de los conductos. Mientras tanto, con la otra mano se aplica un suave masaje al pecho desde la parte superior, el lateral y la inferior hacia la areola.
Al comenzar el ciclo de producción de leche puede aparecer ingurgitación mamaria. Las células que fabrican la leche aumentan de tamaño como consecuencia del estímulo hormonal y del aumento del aporte sanguíneo. El proceso dura de 2 a 3 días, y en muchas mujeres origina un intenso dolor e hinchazón de las mamas. Estas molestias mejoran con compresas y analgésicos suaves. Conviene amamantar al niño frecuentemente aplicando antes compresas calientes.
Para corregir cualquier insuficiencia en la producción de leche es importante mantener una actitud relajada, seguir una dieta suave y comer algo más de lo que era necesario en el embarazo. Debe permitirse que el niño mame a menudo, vaciando los pechos cada vez, beber abundantes líquidos, especialmente antes de que mame el niño y mientras lo hace, dormir bastante y reposar siempre que se pueda.
Para evitar que la leche salga a una presión excesiva conviene rociar los pechos con agua fría y exprimir algo de leche antes de poner el niño a mamar. Puede hacerse más lento el flujo presionando contra la areola con los dedos índice y medio. La producción de leche se estimula más cuanto más toma el niño; por lo tanto no le permita que se eternice al pecho e interrúmpale con frecuencia.
La leche puede empezar a “salirse” cuando la madre oye al niño llorar o está fuera de casa pensando en él. En tal caso, debe doblar los brazos y presionar con los antebrazos contra el pezón y la areola hasta que desaparezca la sensación punzante. La falta de firmeza muscular puede hacer también que se salga la leche. El rociado de las mamas con agua caliente y fría antes de cada toma puede mejorar el tono muscular.
Es conveniente que el sostén se adapte bien y que la madre lo lleve siempre. Si el niño succiona mucho o presiona con las encías el pezón, éste puede irritarse e incluso tal vez aparezcan grietas. Es importante prevenir las mismas con una correcta higiene con agua antes y después de amamantar.
Es preciso consultar al médico si sigue habiendo una zona dura en la mama después de la toma del niño y de aplicarse un masaje; también cuando se observa una región rojiza y dolorosa similar a un forúnculo incipiente o si se produce bruscamente una elevación de la temperatura con escalofríos. Si la madre recibe alguna medicación se aconseja consultar con el pediatra.