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El baño del bebé

El baño del bebé

Uno de los momentos más gratificantes para un bebé es el baño. Durante el baño, el niño se siente libre para exteriorizar sus emociones pero también, el baño favorece el descanso y el relax antes de dormir. Durante los primeros meses de vida del niño, es esencial hacer uso de una bañera de plástico que es muy práctica puesto que puede colocarse en la habitación del niño. En caso de preferir otro lugar no existe ningún inconveniente.

Existen dos aspectos importantes a tener en cuenta sobre el baño del pequeño. La temperatura ambiente debe de ser de 20 grados pero también la temperatura del agua que puede ser de 37 grados. Para controlar la temperatura es importante hacer uso de un termómetro.

Es importante tener presente que el niño no debe de quedarse ni un solo minuto solo durante el baño, es decir, siempre debe de estar bajo la supervisión de un adulto para garantizar su seguridad. Por este motivo, la planificación es esencial, es decir, conviene preparar todo antes de tiempo: una esponja suave, gel de baño especial para la piel del bebé y toallas.

Cuando el niño cumple diez meses entonces ya puede bañarse en la bañera grande de uso familiar, sin embargo, esa decisión depende de la elección de los padres.  En cualquier caso, la higiene diaria del niño es esencial para su bienestar no sólo físico sino también emocional.

Maite Nicuesa en exclusivo para Bebe.im

La felicidad de un niño repercute en la edad adulta

La felicidad de un niño repercute en la edad adulta

La infancia es un periodo esencial en la vida de un ser humano. El bebé descubre el mundo a través de los sentidos, pero especialmente, a través de la vista. Así muestra su curiosidad por aquellos que le rodean o también por los colores del hogar o del paisaje. Sin duda, el mayor privilegio que puede tener un niño al nacer es el de crecer feliz en el seno de una familia. Por eso, el amor es el alimento emocional más importante desde el primer momento de la vida.

Curiosamente, los expertos han descubierto que muchos conflictos de la edad adulta tienen su causa y su origen en un problema no resuelto o diagnosticado a tiempo durante la infancia. En concreto, algunos problemas de autoestima tienen su causa en las carencias afectivas vividas en la infancia.

En ocasiones, las carencias afectivas no se deben siempre a haber nacido en una familia desestructurada sino que lo cierto es que todavía queda mucho que aprender en el ámbito práctico de la inteligencia emocional. Es decir, debemos aprender a expresar sentimientos de forma adecuada porque el ser humano necesita sentirse querido, reconocido y también protegido. Por este motivo, el amor de la madre y el padre fortalece al niño y le hace sentirse importante.

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Entretenimiento para los más chiquitos

Una gran idea para entretener y jugar con los más chiquitos.

Cuando no sepas que hacer para entretener a tu bebé puedes grabar distintos sonidos. Para esto utiliza tu imaginación, todos los sonidos sirven, el ladrido de un perro, un estornudo, un chorro de agua, cuantos más sonidos mejor. Luego pon la grabación y la escucharan atentamente, con los niños un poquito más grandes también pueden jugar a adivinar que es cada sonido.

Niños nerviosos

Porque algunos niños son muy nerviosos

Científicos de la Universidad de Toronto y California afirman que el comportamiento nervioso e impulsivo que presentan algunos bebés y niños podría estar relacionado con un trastorno genético hereditario que afecta a la comunicación entre las neuronas.

Cuando alimentar al bebé con leche de vaca

Leche de vaca a partir de los 24 meses.

Según el XXVI Congreso de la Asociación Española de Pediatría es conveniente que los bebés menores de dos años no tomen leche de vaca, ya que su ingesta antes de esa edad puede provocar el desarrollo de anemia ferropénica (falta de hierro), esto puede afectar negativamente a su desarrollo cerebral e influir sobre su capacidad intelectual.

Los bebés entienden de música

A los bebés les gusta la música

Los bebés de cuatro meses prefieren escuchar una melodía armoniosa que una composición de tonos discordantes. Expertos del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard han estudiado la reacción de 32 niños ante un altavoz cubierto por un atractivo diseño de círculos concéntricos. Cuando éste emitía sonidos musicales armoniosos, los niños lo observaban durante más tiempo y manifestaban mayor bienestar.

El baño del lactante

El baño del lactante

Antes de comenzar a desvestir al niño es preciso tener preparados todos los elementos que sean necesarios.

Los lactantes pierden rápidamente el calor corporal, por lo que es importante que la temperatura de la habitación sea cálida y que no existan corrientes de ventanas o puertas abiertas. Resulta útil disponer de un termómetro de pared. Puede utilizarse una bañera pequeña o una de plástico llena de agua templada en sus tres cuartas partes. También se necesita un pequeño recipiente con agua caliente a la que se haya añadido un chorrito de gel de baño, así como dos esponjas pequeñas, dos pañuelos desechables, aceite, jabón, shampoo y loción infantil, bolas de algodón, un cepillo de pelo suave y un peine infantil. También se necesita un delantal impermeable, y varias toallas absorbentes y suaves para secar al niño, además de pañales, diversa ropa limpia. A los recién nacidos les desagrada que se les lave la cara. Hasta que el niño tenga un mes de edad conviene utilizar bolas de algodón o pañuelos desechables humedecidos con este fin.

Baño y temperatura – Sea cual fuere la bañera utilizada, asegúrese de que tiene la profundidad suficiente como para que el agua contenida cubra al niño mientras lo baña asimismo, tenga en cuenta que las bañeras de bordes sesgados impiden la sujeción adecuada del niño. Para probar la temperatura del agua, introduzca el codo en ella. El agua debe estar a la temperatura corporal.

Ayuda a tu bebe a hacer amigos

Ayuda a tu bebe a hacer amigos

Todos son iguales: se pasan el día haciendo de las suyas, sembrando el desorden a su paso y contestando “no quiero” a todo lo que les decimos. Pero en cuanto hay visitas en casa, se pegan a nuestras faldas y no hay forma de hacerles abrir la boca, una actitud que despierta comentarios del tipo: “qué suerte tienes, qué niño tan calladito y formal, es un poco vergonzoso, ¿verdad?” A lo que respondemos: “Si yo te contara…”.

Claro que también se da el caso contrario, porque hay algunos que no tienen ningún reparo en hablar con el primero que se les pone delante.

Ambas conductas son frecuentes y no deben preocuparnos. Una cierta desconfianza ante los desconocidos es normal e incluso deseable, ya que es una forma de protegerse ante los extraños. Y el hecho de que haga buenas migas con el primero que pase también, ya que los niños son espontáneos y sienten mucha curiosidad por todo.

Lo que no es normal ni deseable es que su vergüenza ante los desconocidos le impida hacer nuevos amigos fuera del círculo familiar, o que su carácter, sumamente extrovertido, le lleve a meterse en líos y nos obligue a vigilarle o estar pendiente de él las 24 horas del día para evitar que moleste, se meta en algún lío o se vaya con el primero que pase.

¿Pero por qué unos son más abiertos y otros más vergonzosos? Sencillamente porque la capacidad para relacionarse es una habilidad que no todos desarrollan al mismo tiempo y que depende de muchos factores: su edad y carácter, las oportunidades que tienen de conocer y tratar a gente nueva e incluso su propio ritmo de desarrollo.

Por ello, nuestra actitud y el ambiente familiar, en general, son decisivos, ya que le brindan experiencias que le sirven de punto de partida. Y la prueba es que los niños que tienen hermanos suelen ser más abiertos y tolerantes que los que son hijos únicos, porque, desde pequeños, se ven obligados a convivir juntos y a compartir muchas cosas. Y aquellos cuyos padres visitan con frecuencia a sus propios amigos y suelen organizar viajes o salidas juntos, también, ya que están más acostumbrados al trato con gente. Por ello, los padres también somos, al menos en parte, responsables de los éxitos y fracasos sociales de nuestros hijos.

Es cierto que no podemos hacer amigos por ellos, pero sí facilitarles las cosas para poner a prueba sus habilidades sociales.

• Organizando fiestas y salidas que faciliten el contacto con otros niños de su edad.

• Propiciando que vengan a casa amiguitos de la escuela o que él vaya, de vez en cuando, a sus casas.

• Dándole libertad para que se relacione con otros niños.

• No protegiéndole en exceso ante la presencia de desconocidos (si nos ve preocupados o ansiosos se asustará).

• Haciéndole saber que nosotros siempre estamos ahí por si nos necesita.

• Controlándole con el mando a distancia y dándole libertad para resolver sus conflictos por sí solo.

De los 3 a 6 meses: Su interés gira en torno a sí mismos. Son impacientes y muy exigentes. No saben relacionarse con otros bebés. La presencia de otro niño es estimulante, pero sólo por la novedad (un adulto o un juguete de vivos colores les causa el mismo efecto). Juegan uno al lado del otro, pero no entre ellos.

Del año a los 2 años: Aumenta su interés por los otros niños y aceptan su compañía. Pero los intentos de entablar amistad son infructuosos: se apoderan unos de los juguetes de los otros y acaban en disputa. Aparecen los primeros amigos. Pero sus relaciones son poco estables. El número de niños que pueden jugar juntos es igual al de su edad. Les gusta hacer actividades en grupo. Hay complicidad, pero también rivalidad.

Libertad para elegir. Hay que dejar que nuestros hijos elijan libremente a sus amigos y respetar su decisión, aunque se equivoquen. Si son mayores que él, conviene vigilar que no abusen de su ingenuidad.

¿Amigos o novios? Cuando se comportan como “novios”, reproducen los modelos de conducta de los adultos. No pueden abarcar más de dos o tres relaciones a los tres años, y las que entablan son muy estrechas.

Insultos de los más chiquitos

Hasta hace poco nuestro hijo era  un bebé encantador en el que habías puesto todo tu cariño. Pero ya ha cumplido 2 años, y un día en una de sus rabietas, llama tonta a mamá.

Si un día su hijo se enoja con ustedes y los llama “tontos” no son unos malos padres. Es más, lo normal es que lo haga porque se encuentra en la etapa en la que debe consolidar su propia personalidad.

Aunque su hijo es consciente de que es alguien distinto a ustedes desde los 8 meses, no es hasta cumplidos los 2 años cuando empieza a darse cuenta de que es realmente otra persona con su propia voluntad, con sus deseos y con sus necesidades. Y va a empezar a manifestarlos.

Durante muchos meses ha tenido que limitarse al llanto o a los gestos para mostrar su disconformidad, pero ya cerca de los 2 años puede empezar a hacerlo de otra forma: negándose a lo que le proponen. Es la típica etapa del “NO”, en la que se niega a cosas que incluso quiere porque acaba de descubrir la forma de llevarles la contra.

Sus primeros e ingenuos “insultos” son simplemente un paso más, una forma más evolucionada de manifestar la voluntad de autoafirmarse ante ustedes, de decirles “aquí estoy yo y no quiero hacer lo que me decís”.

Se preguntaran de dónde lo ha aprendido, a quién ha podido ver reaccionar así. Aunque les parezca mentira, lo ha aprendido de ustedes. Tal vez, no la frase en concreto, pero sí la lógica que hay detrás de ella. A lo largo de sus dos primeros años ha puesto a prueba su paciencia muchas veces: un día no había forma de que les dejara dormir, otro no ha querido comer, cada vez les cuesta más convencerle de que deje de jugar para meterse en la cama.

Seguro que en ésas y en otras situaciones similares habrás acabado por decirle que si no hace lo que ustedes quieren será un niño malo. Esas frases, y sobre todo la situación, quedan grabadas en su cabecita: “cuando alguien no hace lo que yo quiero es malo”.

Y ése es el mecanismo que él utiliza cuando la situación se invierte y son ustedes los que no hacen lo que él quiere; y lo hace recurriendo a los calificativos más “duros” que conoce como mala, fea, o tonta.

Desde luego, la primera vez que lo haga puede sorprenderos, pero lo mejor es estar preparados y permanecer indiferentes. Si él ve que con el insulto consigue modificar su opinión, aunque sólo sea parcialmente, estan perdidos: sabrá que tiene un arma y no dudará en utilizarla. Por el contrario, si permanecen indiferentes muy pronto verá que esa no es la forma de conseguir sus objetivos. Todavía es muy pequeño para entender que no siempre se puede hacer lo que uno quiere.

Con las palabrotas pasa algo parecido a lo que sucede con sus ingenuos insultos. La diferencia es que aunque en casa no uses nunca este tipo de palabras, las va a aprender igualmente porque tarde o temprano las oirá a amigos, familiares, en la guardería, incluso en la calle. Con que un día haya oído a un señor muy enfadado que decía algo malo es suficiente. Es algo nuevo para él y lo va a usar, seguramente, en el momento más inoportuno.

En este caso, lo mejor también es permanecer indiferentes. Si él ve que tiene algún efecto, ya sea positivo porque nos hace gracia, o negativo porque nos escandaliza, no lo olvidará y lo usará cuando quiera crear en nosotros una u otra reacción.

No se sientan ofendidos por la actitud de su hijo. Él ni siquiera sabe que lo que está diciendo es un insulto y, desde luego, no tiene la intención de hacernos daño. Sólo desea salirse con la suya y para ello emplea todos los recursos de los que en esos momentos dispone.

Como manejar los miedos

El miedo es una emoción innata en todos los seres humanos y forma parte del instinto de supervivencia, pero es importante aprender a controlarla para que no se convierta en una obsesión.

La primera infancia es el período de los grandes miedos que parecen insuperables y de las inmensas penas que dan la impresión de ser absolutamente inconsolables, como si no existiera un término medio. Además los niños menores a dos años no tienen conciencia del pasado y el futuro por esto cuando un miedo lo inquieta para el no hay otra cosa que ese sentimiento.

Frente a esta situación solo se puede consolarlo y tranquilizarlo con abrazos y caricias.

Entre los 2 y los 4 años generalmente los niños describen sus temores como monstruos que aparecen cuando se encuentra solo. Como aún es incapaz de determinar los miedos utiliza de modo inconciente imágenes que los representan de manera concreta. Estos son en verdad miedo a ser abandonado, a no volver a ver a sus padres o a caer al vacío.

Para estos casos es recomendable demostrarle que los monstruos no existen mediante la presencia ya que esa falta es lo que los asusta.