Hasta hace poco nuestro hijo era un bebé encantador en el que habías puesto todo tu cariño. Pero ya ha cumplido 2 años, y un día en una de sus rabietas, llama tonta a mamá.
Si un día su hijo se enoja con ustedes y los llama “tontos” no son unos malos padres. Es más, lo normal es que lo haga porque se encuentra en la etapa en la que debe consolidar su propia personalidad.
Aunque su hijo es consciente de que es alguien distinto a ustedes desde los 8 meses, no es hasta cumplidos los 2 años cuando empieza a darse cuenta de que es realmente otra persona con su propia voluntad, con sus deseos y con sus necesidades. Y va a empezar a manifestarlos.
Durante muchos meses ha tenido que limitarse al llanto o a los gestos para mostrar su disconformidad, pero ya cerca de los 2 años puede empezar a hacerlo de otra forma: negándose a lo que le proponen. Es la típica etapa del “NO”, en la que se niega a cosas que incluso quiere porque acaba de descubrir la forma de llevarles la contra.
Sus primeros e ingenuos “insultos” son simplemente un paso más, una forma más evolucionada de manifestar la voluntad de autoafirmarse ante ustedes, de decirles “aquí estoy yo y no quiero hacer lo que me decís”.
Se preguntaran de dónde lo ha aprendido, a quién ha podido ver reaccionar así. Aunque les parezca mentira, lo ha aprendido de ustedes. Tal vez, no la frase en concreto, pero sí la lógica que hay detrás de ella. A lo largo de sus dos primeros años ha puesto a prueba su paciencia muchas veces: un día no había forma de que les dejara dormir, otro no ha querido comer, cada vez les cuesta más convencerle de que deje de jugar para meterse en la cama.
Seguro que en ésas y en otras situaciones similares habrás acabado por decirle que si no hace lo que ustedes quieren será un niño malo. Esas frases, y sobre todo la situación, quedan grabadas en su cabecita: “cuando alguien no hace lo que yo quiero es malo”.
Y ése es el mecanismo que él utiliza cuando la situación se invierte y son ustedes los que no hacen lo que él quiere; y lo hace recurriendo a los calificativos más “duros” que conoce como mala, fea, o tonta.
Desde luego, la primera vez que lo haga puede sorprenderos, pero lo mejor es estar preparados y permanecer indiferentes. Si él ve que con el insulto consigue modificar su opinión, aunque sólo sea parcialmente, estan perdidos: sabrá que tiene un arma y no dudará en utilizarla. Por el contrario, si permanecen indiferentes muy pronto verá que esa no es la forma de conseguir sus objetivos. Todavía es muy pequeño para entender que no siempre se puede hacer lo que uno quiere.
Con las palabrotas pasa algo parecido a lo que sucede con sus ingenuos insultos. La diferencia es que aunque en casa no uses nunca este tipo de palabras, las va a aprender igualmente porque tarde o temprano las oirá a amigos, familiares, en la guardería, incluso en la calle. Con que un día haya oído a un señor muy enfadado que decía algo malo es suficiente. Es algo nuevo para él y lo va a usar, seguramente, en el momento más inoportuno.
En este caso, lo mejor también es permanecer indiferentes. Si él ve que tiene algún efecto, ya sea positivo porque nos hace gracia, o negativo porque nos escandaliza, no lo olvidará y lo usará cuando quiera crear en nosotros una u otra reacción.
No se sientan ofendidos por la actitud de su hijo. Él ni siquiera sabe que lo que está diciendo es un insulto y, desde luego, no tiene la intención de hacernos daño. Sólo desea salirse con la suya y para ello emplea todos los recursos de los que en esos momentos dispone.