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Educar en positivo

¿Qué implica educar en positivo? Lo cierto es que existen familias en las que la educación es muy rígida y muy estricta. Sin duda, las normas son esenciales en el hogar, sin embargo, también es fundamental que exista libertad, que los niños sientan que crecen en un hogar flexible en donde existe la confianza. Por ello, siempre debes dialogar con tus hijos, ayudarles a entender que cada acto tiene unas consecuencias determinadas. Es decir, que una mala acción tendrá un castigo.

Sin embargo, también es esencial premiar en positivo. Premiar no tiene nada que ver con comprar un regalo material sino en hacer partícipe al otro a través de la palabra de que se ha comportado de la forma adecuada, de que ha hecho un buen trabajo o de que es especial.

A la hora de educar en positivo siempre debes hacerle saber a tu hijo que le crees capaz de afrontar un reto determinado, que sabes que lo hará bien y que tiene capacidad para superarse ante las dificultades. Por supuesto, en caso de que lo necesite, tú estarás allí para ayudarle, apoyarle y escucharle con mucha paciencia y con asertividad.

La educación en negativo es aquella que está basada en la crítica constante y en el miedo.

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Que hacer para que el niño sea ordenado

Qué hacer para que el niño sea ordenado

 Si hay algo que es especialmente difícil es que el niño sea ordenado. Sencillamente, porque los peques disfrutan sacando los juguetes de su sitio y además, cuantos más mejor. Es decir, no se divierten con la misma muñeca toda la tarde sino que quieren variedad y novedades. Por ello, al final de la tarde, el caos llega cuando los padres descubren que tienen que ponerse a ordenar la habitación del niño antes de que éste se acueste.

Cuanto más tardes en inculcar a tu hijo el valor del orden más difícil le será a él hacerse responsable de sus actos en el hogar y colaborar en casa. Por ello, hazle entender que la habitación es un espacio personal que él debe cuidar. Es decir, tú limpiarás el polvo, barrerás, sin embargo, será él quien tenga que recoger sus juguetes y quien se haga la cama (aunque no quede perfecta).

El momento de recoger los juguetes puede ser tomado como una especie de juego. Seguramente, el primer día que tenga que hacer frente a esta obligación el niño llorará. Pero debes mantenerte firme para que vea que no puede salirse con la suya siempre que quiere sino que debe obedecer a papá y también a mamá.

Enseña al bebe a comer en la mesa

A muchos niños les gusta comer en su habitación rodeados de juguetes y prefieren que les demos en la boca aunque sepan utilizar la cuchara. Esto debemos evitarlo para que cada ingesta no sea un mal momento para todos. Muchos niños acaban convirtiendo la hora de la comida en un pequeño infierno para sus padres, que preocupados por su alimentación, hacen lo que haga falta. Lo importante es que coma.

Esto es un error. Con más rapidez de la que te imaginas, deducen que han ido a dar con uno de nuestros puntos débiles y que estamos dispuestos a hacer casi cualquier concesión con tal de que coman. Aunque viendo comer a algunos niños parezca imposible, se puede conseguir que en torno a los 3 años se sienten a la mesa y se comporten casi como adultos. Sin gritos, amenazas ni batallas campales. Sólo paciencia y perseverancia por parte de los padres.

Lo primero que debes tener presente es que la hora de la comida tiene que ser un momento agradable del día. Si conseguís crear un clima de armonía y de entendimiento en esos momentos, habras puesto la primera piedra para que vaya tomando el gusto por comer. Piensa que la alimentación no es sólo importante para su desarrollo físico, es también parte fundamental de su desarrollo afectivo. Conscientes ya de eso, comenzamos a enseñarles a partir de los 7 u 8 meses. Cuando el bebé empiece a alimentarse con papillas, es el momento de iniciar su aprendizaje. A esa edad aún tendrás que darle tú la comida, pero ya puede sentarse a la mesa en su sillita y sostener una cucharita de plástico, no su juguete favorito ni ningún otro entretenimiento, para ir acostumbrándose a ella. Es inevitable que dé un manotazo sobre la papilla o intente escupir una cucharada cuando menos lo esperas. No puedes pretender que aprenda enseguida, pero sí puedes poner las bases para que se inicie en las buenas costumbres de la alimentación.

Ponte una bata y colócale a él un babero. Cuanto más grande, mejor. Cubre la mesa con un mantel de plástico que se pueda limpiar con facilidad. Siéntalo lejos de paredes, muebles o cortinas. Así no podrá ensuciarlos. Y bajo su silla coloca papeles de periódico o plásticos para recoger lo que caiga al suelo.

A los 12 meses ya es lo suficientemente hábil como para empezar a comer solo. Al principio preferirá sus dedos para coger la comida, pero si te has preocupado por familiarizarle con la cuchara, muy pronto, en torno a los 16 meses, la manejará bastante bien. Su cuchara tiene que ser pequeña para que no se introduzca los alimentos en exceso y podrá también beber él sólito de su taza de plástico. Conviene que a partir de ahora coma al mismo tiempo que el resto de la familia. Es más cómodo que lo haga él primero, desde luego, pero si lo hace con los demás aprenderá antes, porque sacará a relucir su instinto de imitación. Ahora la comida es un juego para el niño y es bueno que sea así. Intentará tomarla con las manos, triturarla, probarla, de ese juego surgirá el deseo de comer solo. Dentro de unos límites, déjale que pruebe y que se ensucie. Ningún niño aprende a comer solo sin echarse encima algo de comida.

Entre los dos y los tres años es el momento de enseñarle la conducta que debe adoptar en la mesa. Comer es una cuestión de hábitos si no adquiere los correctos desde una edad temprana, luego le será más difícil corregirlos. Cuando tu hijo domine con soltura la cuchara, habrá llegado la hora de que empiece a utilizar el tenedor para pinchar con él pequeños trozos de carne o de fruta que debemos cortarle. El cuchillo hay que dejarlo para más adelante, porque aún es demasiado pequeño y puede hacerse daño.

Si rechaza los alimentos sólidos, no cedas a la tentación de volver a dárselos triturados, aunque cada comida suponga un martirio para ti. Un niño de 2 años tiene que haber dado ya el paso a la alimentación sólida. Por lo que respecta a la limpieza, podes enseñarle a limpiarse la boquita con el babero y a que se lave las manos antes y después de comer. No puedes pretender que esté impecable, pero tampoco consentir que haga lo que quiera.