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Lactancia materna

Lactancia materna

En los primeros dos o tres días después del nacimiento los pechos de la madre producen una sustancia denominada calostro. El calostro tiene aspecto de mantequilla líquida, es rico en proteínas y contiene anticuerpos que protegen al niño. Ayuda a hacer desaparecer del intestino el meconio, sustancia presente en todos los recién nacidos.

La leche de la madre se digiere fácilmente en el sistema digestivo del niño y evita la aparición de alergias. A diferencia de la leche de vaca, la de la madre deja un residuo ácido en el intestino que impide el crecimiento de bacterias nocivas. Los niños alimentados al pecho no suelen sufrir estreñimiento, siempre que reciban un aporte adecuado de leche.

Durante las primeras semanas, las deposiciones pueden ser frecuentes, pero al poco tiempo el niño no mancha sino dos pañales al día. La mayoría de las madres consideran un placer alimentar al pecho a su hijo, aunque, al comienzo, la lactancia puede resultar dolorosa. En el aspecto emocional asegura un contacto estrecho con el niño, y en el físico ayuda al útero a recuperar con más rapidez su tamaño normal. El éxito de la lactancia materna depende de la actitud de la madre, de la preparación prenatal de las mamas y su cuidado posnatal, de una dieta equilibrada con muchos líquidos, del reposo y de la paciencia.

Debe llevarse un sostén bien adaptado, tanto de día como de noche, desde el séptimo mes del embarazo. A partir de esta fecha han de lavarse a diario los pezones frotándolos delicadamente con una toalla tras el baño. Algunos médicos recomiendan la aplicación de una pomada blanda. Hay que hacer sobresalir y moldear entre el pulgar y el índice los pezones planos. Al comienzo del noveno mes deben aplicarse masajes suaves a los pechos, y debe hacerse salir una pequeña cantidad de calostro de cada pezón. Este método ayuda a dilatar los conductos lácteos.

Ya están en la boca del niño el pezón y la areola, y su cabeza reposa en el antebrazo de la madre. La madre puede presionar el pecho por encima del pezón para que no tape la nariz del niño. Al principio, el lactante mantiene las manos cerradas firmemente, pero una vez satisfecho con la leche, se relaja y puede tocar y acariciar el pecho de la madre.

Las mujeres que tienen los pezones retraídos pueden llevar unos dispositivos especiales en el interior del sostén durante los tres últimos meses del embarazo. Si no se logra que sobresalgan, resultará útil emplear una pezonera.

Antes de dar el pecho al niño debe limpiarse el pezón con un trozo de algodón humedecido en agua tibia para eliminar cualquier resto de pomada. Al terminar, deben volver a lavarse los pezones con un algodón mojado en agua tibia y aplicar una pomada. Conviene evitar el empleo de algodones impermeabilizados en el interior del sostén, ya que pueden causar irritación en los pezones.

Durante la primera semana de lactancia natural, la madre debe tener paciencia y perseverancia, ya que pueden surgir dificultades. Las madres lactantes deben tener presente que a veces no se establece un aporte de leche uniforme hasta pasadas incluso 6 semanas. En los primeros dos o tres días, el niño succiona calostro. En esta etapa, la madre no nota un cambio muy apreciable en los pechos. Por lo general, entre el tercer y el quinto día aparece la leche y, al aumentar las mamas de tamaño, puede producirse una cierta molestia e incluso dolor.

Si la leche fluye muy abundantemente, debe permitirse que el niño mame con frecuencia para evitar que los pechos se ingurgiten. Cada niño tiene necesidades diferentes, y la madre debe establecer el mejor esquema de alimentación para su hijo por propia experiencia.