El bebé de un año tiene nuevas capacidades que nos pone muy contentos, aunque también un poco preocupados porque ahora que tiene una mayor movilidad es posible que, inconscientemente, se exponga a algunos peligros. Como ya es capaz de tomar cosas con el pulgar y el índice, puede agarrar todos los objetos pequeños que encuentra por el suelo, y tienen tendencia a metérselos en la boca. Por eso, siempre que esta en el suelo, es conveniente inspeccionar el terreno para asegurarse de que no hay objetos pequeños a su alcance. Tampoco darle juguetes desmontables o que tengan piezas pequeñas que puedan separarse.
Como en los últimos meses ha ganado capacidad de movimiento, es recomendable no quitarle la vista de encima. Siempre que esta en su silla para comer hay que ponerle el cinturón de seguridad, porque con lo que se mueve ahora y la poca conciencia que tiene del peligro puede caerse con facilidad.
Lo mismo sucede cuando gatea o se pone en pie. Para prevenir algún accidente, protege las aristas, cubre la calefacción, retira los objetos de cristal de su alcance, pon tapones de seguridad en los enchufes…
Algunos padres no saben como deben actuar cuando van a hacer algo peligroso. Algunas personas mayores aconsejaban que les dieran un golpe en la mano, otras, que gritaran ¡NO! pero los pediatras explican que si se les da en la mano se le van a quitar las ganas de explorar, y si le gritan ¡NO! con frecuencia a lo mejor se convierten en uno de esos niños que a los dos años contestan que no a todo. Por eso, es conveniente llamar su atención con su nombre y decir “es peligroso” o “quedate quieto” y así nos entienden.
La mejor forma de enseñarle disciplina es con mucho cariño y tolerancia. Por eso, cuando hace algo bien, es bueno felicitarlo y mimarlo. Los castigos no sirven de nada porque aún es muy pequeño para entenderlos.